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Indiscriminadamente

viernes, 07 de marzo del 2008 a las 00:09
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Indiscriminadamente

Todo da la impresión de ser igual

Una cosa se sigue a la otra

No hay tiempo

Nadie tiene tiempo para nada

Todos hacen con urgencia lo que debe hacerse

Todos viven bien

Maravillosamente bien

Asquerosamente

Caminemos

Así se distraen las tensiones, se agolpan los observadores en uno

La locura se aplaca, la coherencia se calla y se hunde

Somos como ciegos realizando alguna actividad cualquiera

En medio de ello surge una armonía como un globo

Una perla, una alegría diabólica

Eso es todo lo que conozco del amor

Todo urge y luego todo es nada

La televisión pasa basura todo el tiempo, pero es atrapante, relajante

Tiene en su poder nuestra atención; gracias a que se mueve, a que transcurre, como todo

O sea, cualquier cosa con esas características se apodera de nosotros

Ni siquiera necesita moverse, solo estar, y nosotros le damos movimiento

Es fascinante; voy a considerar seriamente el estudio de la publicidad

La publicidad lo es todo; es una hamaca en un haz de luz en la oscuridad

Y las mujeres; y las tetas de las mujeres

Y hay que escribir como si algo más existiera

Aunque eso sea todo; y alcance y sobre para vivir desmesuradamente

 

lapiceras

viernes, 07 de marzo del 2008 a las 00:01
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Escribo con una lapicera Parker, regalo de mi viejo para uno de mis, ni pocos ni muchos, cumpleaños. El número veintitantos, más o menos. Es la primera vez que uso una lapicera de este tipo. Esta lapicera lleva escritos una novela, un relato de tinte erótico y sucio y algunos artículos. No es poco. Aunque esto de escribir es tan engañoso que, mientras sucede, yo siempre pienso que no he escrito nada anterior. Me he hartado de escribir con biromes tipo bic; o sea, he escrito mucho. Un libro de cuentos y poemas, y otro libro descomunal, de contenido descomunal asimismo, lo cual es uno y lo mismo. Eso lo escribí en tickets de llamadas telefónicas; sí, de esos que salen de la impresora fiscal, uno corta y entrega o tira a la basura. Y otras mil cosas o más en birome. Hay varios cuadernos hechos fuego, y después ceniza, y ahora nada o aire. Sin embargo he escrito infinitamente usando como lapicera la mente, y como papel, la cabeza. Infinitamente en ese territorio se ha escrito y se ha borrado y se ha sobrescrito; palimpsesto. Cuánta niebla ha cobrado forma y se ha diluido en la niebla nuevamente. Cuánta agua ha pasado. Son imposibles de recuperar esos escritos tal cual eran; pero siempre están, bajo la forma de materia prima, de cemento.

Últimamente, mi padre, irónicamente, cíclicamente, no sé si jugando, me ha regalado una hermosa lapicera plateada, que en el cabo, tiene una linterna. Se la compró a un vendedor ambulante. Yo juego prendiendo y apagándola. Da una luz blanca, suave, pero concentrada.

Todavía no la he usado como lapicera.

De la confabulación y simulacro de los gatos.

jueves, 06 de marzo del 2008 a las 23:57
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De la confabulación y simulacro de los gatos.

 

Estoy seguro de que los gatos mienten deliberadamente. Son una fábrica de engaño en procura de lujo, sueño en abundancia y comida en abundancia.

Es buena cosa ver que una vez logrado lo que quieren, ya no desean más nada -como sí hace el hombre- sino que se contentan con su dicha y renuncian a la búsqueda para siempre.

Esto viene a que un ejemplar de estos bichos se metió en mi casa. En realidad, yo lo metí. Lloró toda la noche anterior impidiéndome pegar un ojo. Salí a la calle, estaba en la punta de un árbol. Me fui a la cama; siguió chillando; seguí desvelado. A la mañana el vecino lo arrojó con una brutalidad asquerosa. "Es el gato de anoche", pregunté; "no sé", dijo. Era muy pequeño. Lo dejé adentro, le di agua y comida. Era más arisco que el diablo, rehuía cualquier contacto y me miraba aterrado y nervioso. Así estuvo todo el primer día.

Al segundo día, sin transición ninguna, sin sutileza, dejando de lado cualquier consideración y decencia, iba y venía jugueteando, comía, bebía y dormía como un rey, se estiraba con indolencia, se dejaba acariciar largamente, ronroneaba, gozaba felinamente..., y así hasta hoy. En fin, de un momento a otro, se quitó la máscara.

Anterior a ése tuve otro que cayó del techo, el cual mantuvo el simulacro por menos tiempo todavía.

No hay que fiarse de los gatos. En todo caso, tomarlos por lo que son y no guardarles rencor.

no se puede vivir

jueves, 06 de marzo del 2008 a las 23:55
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Todavía no he salido a la calle. Es muy de mañana pero el calor ya es insoportable. No se puede vivir así. Encima, con esto del cambio de horario, ya no se sabe nunca si es de día o de noche. En cualquier hora, en cualquier momento de cualquier hora, bien podría ser de día o de noche.

Tengo que ir a una entrevista con un gerente o algo así y estoy transpirado. Si me baño voy a andar a las corridas; y una vez cobrado ese impulso, raramente se detiene y andaremos a las corridas todo el día. No queda otra; se forman gotas de sudor; después una fina película; quieto, uno se siente pegajoso. El cielo, calor mediante, nos somete y nadie puede zafar de sus grilletes. Ya lo dicen los clásicos; es lo que se llama destino, fatalidad.

Bien, la bola ha de echar a rodar por la pendiente: no queda otra; me voy a bañar; y ya se me hace tarde.

 

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