De la confabulación y simulacro de los gatos.
De la confabulación y simulacro de los gatos.
Estoy seguro de que los gatos mienten deliberadamente. Son una fábrica de engaño en procura de lujo, sueño en abundancia y comida en abundancia.
Es buena cosa ver que una vez logrado lo que quieren, ya no desean más nada -como sí hace el hombre- sino que se contentan con su dicha y renuncian a la búsqueda para siempre.
Esto viene a que un ejemplar de estos bichos se metió en mi casa. En realidad, yo lo metí. Lloró toda la noche anterior impidiéndome pegar un ojo. Salí a la calle, estaba en la punta de un árbol. Me fui a la cama; siguió chillando; seguí desvelado. A la mañana el vecino lo arrojó con una brutalidad asquerosa. "Es el gato de anoche", pregunté; "no sé", dijo. Era muy pequeño. Lo dejé adentro, le di agua y comida. Era más arisco que el diablo, rehuía cualquier contacto y me miraba aterrado y nervioso. Así estuvo todo el primer día.
Al segundo día, sin transición ninguna, sin sutileza, dejando de lado cualquier consideración y decencia, iba y venía jugueteando, comía, bebía y dormía como un rey, se estiraba con indolencia, se dejaba acariciar largamente, ronroneaba, gozaba felinamente..., y así hasta hoy. En fin, de un momento a otro, se quitó la máscara.
Anterior a ése tuve otro que cayó del techo, el cual mantuvo el simulacro por menos tiempo todavía.
No hay que fiarse de los gatos. En todo caso, tomarlos por lo que son y no guardarles rencor.

